Fecha: 4 / 6 / 2018
Victoria épica ante Anderson en Roland Garros
Diego Schwarztman

El Peque ganó a puro corazón




Diego Schwartzman-Kevin Anderson, Roland Garros: el Peque ganó a puro corazón luego de estar dos sets abajo y en cuartos jugará con Rafael Nadal


Diego Schwarztman acaba de ganar el partido de su vida. Debe sentir eso, en la colosal mañana de sol en París. Gana con un ace, todo un símbolo. Se arroja sobre el polvo de ladrillo, patas para arriba. No lo puede creer. Nadie lo puede creer: lo que acaba de suceder es un sueño.


La original firma del Peque Schwartzman en la cámara de TV y su queja por un espectador ante la umpire
Saluda a su rival, el sudafricano Kevin Anderson, que ni lo mira, a 33 centímetros desde el piso. Peque es el gigante. Alcanza los cuartos de final de Roland Garros, luego de estar 1-6, 2-6 y 3-5 en el tercero y en el cuarto, con el servicio para su competidor. Resiste, no se rinde, abruma. Futbolero de ley, se debe reír del axioma inoxidable: "El 2 a 0 es el peor resultado". Gana por 1-6, 2-6, 7-5, 7-6 (7-0) y 6-2 con una fuerza mental pocas veces vista en su carrera, en una batalla cambiante de 3 horas y 51 minutos. Ahora, jugará con Rafael Nadal, el dueño de París, que derrota al alemán Marterer por 6-3, 6-2 y 7-6 (7-4).


"Vamos carajo, Mercí", rubrica en la cámara oficial, después de la faena. Es su mejor actuación en Roland Garros. Que se venga, Rafa, debe estar pensando, en este preciso instante. Se siente en la cúspide de la Torre Eiffel. Tiene destreza, garra y una muñeca de salón. El globo del cuarto set así lo certifica, las agallas del último tramo del encuentro lo definen. Tiene, ahora sí, destino de top 10.

No sé cómo hice para ganar, Anderson jugaba increíble y no había por dónde entrarle; incluso sacó para partido dos veces. Y el quinto set fue un drama, pero su físico no le ayudó
Diego Schwartzman
Cuando está contra las cuerdas, es como aquellos boxeadores que desprecian el miedo: allí es cuando lanzan los mejores golpes, casi, casi, de KO. Apremiado durante el tercero y el cuarto asalto, cuando el sudafricano estaba a punto de cantar victoria y con su servicio, el pequeño gran hombre se sostiene, quiebra y sigue con vida. El tie break lo cierra con una clase de teatro, con movimientos típicos de un artista profesional: 7-0. A esa altura, el saque de Anderson, a menos de 200 kilómetros por hora, parece lanzado de abajo. Previsible, ineficaz.

Los dos primeros parciales son un martirio. Esa clase de días en los que se piensa: para qué levantarse. Falla en todo lo que puede no fallar: un servicio débil, derechas al medio de la cancha y escondida la agresividad. Anderson hace todo bien. Le salen todas: 6-1 y 6-2 en poco más de media hora.

La pasión de Schwarzman en cada punto La pasión de Schwarzman en cada punto Fuente: Reuters - Crédito: Pascal Rossignol
La valentía no se aprende: viene de fábrica. Hay, eso sí, un mar de desventajas que Schwartzman debe atravesar con éxito: Anderson es el 7° mundial, tiene más experiencia (32 años), mayor altura (2,03m), algo que en el tenis no lo es todo, pero influye, suma cuatro títulos en su carrera, tiene uno de los mejores servicios del circuito y aprendió a pelotear con cierta dignidad. "Vamos, vamos. Así. ¡Dale!", se alienta cuando no encuentra respuestas. El 1-0 y 2-1 del tercer parcial actúan como bálsamos.

A medida que van pasando los partidos veo que me canso cada vez menos
Diego Schwartzman
El estadio, vacío en un primer tiempo, se va cubriendo. Ansiedad, misterio, osadía: todo ocurre sobre la pista. "Diego, Diego", canta la gente y verdaderamente hay muy pocos argentinos. Peque devuelve la simpatía, pero de a ratos. Por momentos grita, furioso. "No hables ahora", le recrimina a su equipo; por allí está Juan Ignacio Chela. El espectáculo baja en intensidad, pero gana en dramatismo: durante el cuarto parcial, antes del tie break maravilloso, se devuelven gentilezas: quiebres, uno detrás del otro. "Todos errores, todos errores", se plantea.

Diego Schwartzman ya ganó pero espera que se confirme el punto final Diego Schwartzman ya ganó pero espera que se confirme el punto final

El quinto parcial es un concierto de desvaríos: de un lado y del otro. Queda la sensación de que quién se afirma primero, va a ganar el partido. Va a viajar rumbo a los cuartos de final. Lo logra Peque, cuando el deporte se convierte en un drama y acaba en comedia. La emoción es a la medida de Schwartzman, que no va a despertar de este sueño nunca más.
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