Historia del Polo

El Polo está considerado como uno de los juegos más antiguos del mundo. Para algunos su origen se debe buscar en Persia, para otros nació en China, sin embargo todos coinciden que fueron los mongoles quienes lo extendieron hacia toda Asia. Estos pueblos nómades se trasladaban invadiendo otras regiones, la caballada se caracterizaba por ser una raza fuerte y resistente apta para tales impiadosas travesías. Por ser nómades instalaban campamentos temporarios y es probable que estos valientes guerreros se divirtieran jugando con sus caballos. Era un entretenimiento más, pero también una manera eficaz de estar en forma para futuras conquistas.
Los primeros registros del polo que se conocen datan de alrededor del año 600 a.c. Al principio el juego tenía características muy violentas comparadas con el posterior desarrollo, pues se jugaba en canchas rodeadas de muros de piedra. La diversión era estampar a los rivales contra el muro, antecedente del pechazo, al cual estamos acostumbrados. En la actualidad, en el Tibet, se encuentra la cancha más antigua del mundo, construida en piedra. Aún hoy se pueden apreciar sus arcos y restos de murallas. Inclusive el término polo deriva del término tibetano “pulu” que significa sauce, madera con la que se hacían las bochas.
En Persia el polo se practicaba con regularidad hacia el siglo IV a.c y tuvo tanto auge que se formalizó como un torneo diplomático. Se extiende hacia Occidente a través de Constantinopla y por el este llega al Tibet y Japón, finalmente es en la India donde se arraiga y acrecienta.
Cuenta la historia que Alejandro el Grande, quien conquistó el Imperio persa alrededor del año 331 a.c, era un gran jugador. Su rival y vencido, Darío de Persia, le envío una bocha y un taco para que practicase antes de declarar la guerra. La crónica dice que el Gran Alejandro contestó: “soy el palillo y la bola es el mundo. Estate alerta”.
El polo como expresión cultural se refleja en el arte. En las cerámicas chinas de las más antiguas dinastías, se pueden apreciar estampas de jinetes en posición inequívoca de golpear una pelota. En la miniatura indo-persa, reflejo fiel de la época esplendorosa del reinado de los grandes mongoles, se advierten los diversos elementos que componen el juego: jinetes esgrimiendo tacos, los arcos lejanos, los sirvientes, y la pelota. En la arquitectura también encontramos caballerizas de granito rosado con capacidad para contener unos trescientos petisos, que se ataban con cadenas en una de las manos. La atracción del juego animó al prestigioso emperador Ackbar, a levantar un monumento de mármol que representaba por entero a su caballo. Esta sería la primera escultura ecuestre inspirada en este deporte.
Hasta aquí testimonios arquitectónicos y escultóricos. Pero la poesía también refleja el auge que iba adquiriendo esta práctica milenaria. El más grande de los poetas persas, Ferdusi (930-1020) en su obra “Libro de los Reyes” menciona al polo nada menos que como “deporte nacional” .
En el siglo XV diversos factores hicieron que éste se fuera opacando pero no por ello se dejó de practicar. Otras naciones lo adoptaron y esto motivó que siguiera creciendo. Así fue que al norte de India en el pequeño estado de Manipur, entre Cachar y Burma, el polo era considerado hacia 1550, un juego muy popular.
La primera descripción literaria donde se relata con precisión el juego se debe a la literatura denominada de viajeros, más precisamente en la crónica con motivo de la visita de Anthony Sherleys a la corte del Sha Abbs, en 1599. Allí, frente al palacio se llevó a cabo un partido donde se festejaba cada vez que el monarca lograba pegar la bocha con el mazo.
En la India el polo adquiere gran arraigo, y era practicado sin distinción de castas, por señores y siervos. Con la llegada de los ingleses se modifica y se reglamenta expandiéndose al resto de Occidente. El ejército británico y los plantadores británicos del té radicados en la India tomaron rápidamente el juego, y entre 1859 y 1863, ya se había fundado el Club del Polo de Calcuta, hoy considerado el más antiguo del mundo. Entre los primeros socios se recuerda a C. B. Stewart, R. H. Hills, John Thomas, Elliot Angelow y Richard Readon. Pero el más entusiasta de este grupo de pioneros, fue sin duda el capitán Sherer a quien se lo recuerda por haber organizado el primer partido entre Manipur y Calcuta.
El regimiento 10, Husares, y el 9, Lanceros, lo practicaron con entusiasmo y fue un irlandés, el capitán Juan Watson, decimotercer Hussars (1852-1908) quien elaboró los fundamentos de las actuales reglas internacionales del polo.
El primer club de polo de Europa se fundó en Inglaterra en el año 1872, el Monmouthshire Polo CLub. Dos años después nació el mítico Hurlingham Club de Londres y en 1876 se jugó por primera vez la Copa de Campeones, Champion Cup.
En la misma década, el teniente coronel Tomas St. Quintin, introdujo el polo a Australia y James Gordon Bennett Jr organiza el primer juego en los Estados Unidos de América.
A fines del siglo XIX el polo tiene una expansión vertiginosa, y no tarda en llegar a la Argentina. Prueba de ello, es el primer taco de polo que llega a nuestro país traído por Tomas Taylor en 1873. Esta pieza es celosamente exhibida en el Venado Tuerto Polo Club, donada por Luis l. Lacey.
El primer encuentro oficial fue protagonizado por irlandeses, hacendados y los ingenieros ingleses. Tuvo lugar el 30 de agosto de 1875 en la estancia Villanueva, en Ranchos, Provincia de Buenos Aires. A partir de ese encuentro se difunde por todo el país. El primer club se funda en 1880, el Flores Polo Club. No tardaron en aparecer los primeros jugadores notables: recordamos a Sixto Martínez, su hermano José y Francisco Rodríguez.
El juego suma adeptos y se fundan con continuidad varios clubes de polo en diferentes localidades de nuestro país. Pioneros fueron el Lomas Polo Club (1885), el Belgrano Polo Club (1886) y el legendario Hurlingham Club, (1886) quien fuera la entidad rectora del polo durante varios años.
En 1893 se empieza a jugar un torneo abierto entre los clubes Venado Tuerto, Media Luna y Cañada de Gómez y hacia 1895 la primera delegación de polistas argentinos juega en Londres con una excelente y memorable actuación. Desde entonces, el polo argentino mantiene un primer lugar dentro de los equipos internacionales.
Reconocido como juego olímpico, el Polo Argentino compite en los juegos de 1924 y 1936. En ambas competencias (París, 1924 y Berlín, 1936) la Selección Argentina obtuvo la medalla de oro.
Actualmente el polo se juega en alrededor de ochenta países en todo el mundo.
De hecho, se disfruta durante todo el año calendario. De Inglaterra a la Argentina, de los Estados Unidos a la India, de España, y también en Suiza, donde se juega hasta en la nieve.
Las naciones de máximo prestigio son Argentina, Inglaterra y los Estados Unidos, seguidos de cerca por Australia y Nueva Zelanda. En la India se produjo recientemente un renacimiento popular del juego, con muchos nuevos adeptos pero con el impulso de los viejos estados y familias.
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